Acabo de cerrar unas vacaciones en el infierno, las cuales comenzaron sin tener siquiera noción de ellas. Un día, como de costumbre, revisé el estado del filtro de aire de mi auto y ¡vaya sorpresa!, encontré una sustancia, similar a una crema y de color de un café con leche en la toma de aceite. Consulté rápidamente a la enciclopedia automotriz (mi hermano menor), y sentenció gravemente: "has soplado el empaque de la culata, y ni se te ocurra volver a casa con el motor en ese estado, sino eso te costará 'several bucks'" (¡¡¡¡un montón de dinero!!!!).
Ante esto me ví obligado a quedarme en la casa de un familiar y al día siguiente, junto con mi hermano, llevamos el auto a un taller.
En el taller me dijeron: "definitivamente ha soplado el empaque, vamos a sacar la culata y llevarla al rectificador para que la evalúe". Temeroso, pregunté "¿hay alguna probabilidad de que se haya rajado?" y me respondieron "no creo, pero depende del rectificador".
Al día siguiente recibí el peor diagnóstico, la culata se había rajado y NO tenía reparación y por ende tenía de comprar una nueva (o al menos una de segunda algo decente) y asi tuve que iniciar la cruzada de la búsqueda de la culata de reemplazo.
Tomé un taxi para ir a un importador de autopartes y en el trayecto entablé amistad con el taxista, quien muy amablemente (por algunos billetes) se ofreció de servirme de transporte en la búsqueda. Con él (y gracias a él) recorrí los rincones más insospechados de la ciudad, recovecos inimaginables e innombrables, sin éxito en un primer momento. Al día siguiente, llamé a Fernando a su celular (así se llama el taxista) para coordinar encontrarnos y así pueda acompañarme nuevamente. Luego de salir bien librados de un intento de estafa de un ladrón que me vió la cara de preocupación, llegamos a otro sitio innombrable, Fernando me confesó "no me gusta venir a este sitio, pero si no encuentras aquí la culata, anda pensando en vender tu auto".
Recorrimos las calles llenas de pedazos de motores, puertas, parachoques y todo aquello que se pueda imaginar como autoparte hasta que encontramos a un morenito quimboso que nos contactó con un tipo cuya hermana vendía una culata con las especificaciones que necesitábamos. Luego de negociar el precio, llevamos a probar la culata a la rectificadora donde dieron su conformidad.
Finalmente, junto con Fernando llevamos la pieza al taller, donde la instalaron luego de un par de días más, y el auto salió nuevamente a la calle sin problemas hasta el momento... eso espero.
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