miércoles, noviembre 12, 2008

Maltrato infantil

Tu no puedes corregir a un niño:
Amenazándolo
Maltratándolo
No respetándolo

Tú no puedes ganarte a un niño:
Siendo sólo un adulto y no un niño
No preocupándote por él
Dejándolo solo

Si no aprendiste a ser madre o ser padre porque estuviste fuera del país, no pretendas ahora que te quiera.
El cariño no se compra con regalos
El cariño se consigue queriendo y demostrándole lo mucho que lo quieres.

Asi que, deja de maltratarlo y empieza a quererlo.

viernes, agosto 15, 2008

La borrada de cassette

"Cinco botellas de vino, cinco botellas de vino, si una me llegara a tomar sólo cuatro podría vender"

Inspirado por el post de Fiore y en la larga lista de comentarios adjuntos al mismo, se me vino a la mente "una borrada de cassette", la cual cuento a continuación hasta donde recuerdo:

Hace varios años, era el cumpleaños de la hermana de un amigo muy entrañable, y la fiesta de rigor (cómo no podría ser de otro modo) se realizó en el restaurant de su familia en Huarochirí. Ese día mi amigo estaba contento y se dedicó a repartir tragos a diestra y siniestra. Para empezar arrancamos con la cerveza, la cual ingerí un par de vasos sin mayor apuro. Luego, vino el vino (Gato Negro en cajita), el ron con cocacola y lo último que recuerdo es que mi amigo se acercó con una copa de martini pero llena de ¡¡Gin Paramonga!! exclamando... "¡Si eres hombre tómatela!" (en esos momentos creía que él estaba peor que yo) y fui tan idiota que me lo tomé de un golpe... luego de eso... off the record.... no recuerdo nada.

Ahora lo que no recuerdo y que me contaron:
Mi amigo tenía un perro enorme de color canela, el cual había estado rondando las botellas de cerveza regadas en el jardín y por efecto del lúpulo y la cebada decidió dormir en las escaleras que daban a la sala, justo donde yo me encontraba bebiendo la mortífera última copa de Gin. Luego de eso me acomodé sobre el perro y me quedé dormido.

Ya de madrugada, el enamorado de la hermana de mi amigo, al ver mi lamentable estado decidió dejarme en calidad de bulto en una de las habitaciones que contaba el restaurant. Al día siguiente tuve a mi hermano buscándome desesperadamente por todos lados y finalmente me encontró durmiendo en el cuarto donde me habían dejado.

Esa fue la primera y última vez (que recuerdo :p ) que haya borrado cassette.

sábado, agosto 09, 2008

Low battery

"Si usted intuye que hay cuatro posibilidades de que una gestión vaya mal y las evita, al momento aparecerá espontáneamente una quinta posibilidad." 4to corolario de la Ley de Murphy.

Tal como denota la Ley de Murphy, cuando pensé que había conjurado todos los males automotrices, aparecío ayer otro más.

Estaba manejando muy orondo por la ciudad cuando de repente el auto se apago sin aviso previo, en un cruce y en medio de un tráfico terrible.

Luego de recibir los insultos de ley por osarme a malograr mi auto en medio de la pista, y gracias a la ayuda de un anónimo cobrador de microbús, pude llevar mi auto a la vereda izquierda.

La presión arterial se me subió por las nubes por la impotencia, y sólo atiné a llamar a mi siempre salvador hermano, quien del otro extremo de la ciudad, vino a auxiliarme.

Luego de mover cables, ajustar relays y verificar fusibles, concluimos que el origen del problema era la batería del auto, la cual ya había decidido jubilarse sin pedir permiso. Así que con la batería de su auto logramos arrancar el mío y manejé como poseído hacia una tienda, donde no encontramos ningún modelo que se ajustara a mi auto.

¡Vamos a la tienda del frente, pero rápido que ya son 10 para las 10 de la noche y la tienda cierra a las diez!, exclamó mi hermano, y cruzamos temerariamente la doble avenida que estaba entre las tiendas, en donde hallamos una, que si bien no era del mismo tipo, pensamos que calzaría.

Llegamos al estacionamiento donde se encontraba mi auto y nos dimos con la sorpresa que la batería era más grande que el espacio destinado para tal fin. Con un poco de maña nos la ingeniamos para instalarla y logramos que el auto arrancase.

Prueba de que llegué vivo a casa es que estoy escribiendo este blog.

Ahora me pregunto, ¿qué es lo siguiente que va a fallar?

En búsqueda de la culata prometida

"Si existe la posibilidad de que varias cosas vayan mal, la que cause más perjuicios será la única que vaya mal" 3er corolario de la Ley de Murphy.

Acabo de cerrar unas vacaciones en el infierno, las cuales comenzaron sin tener siquiera noción de ellas.

Un día, como de costumbre, revisé el estado del filtro de aire de mi auto y ¡vaya sorpresa!, encontré una sustancia, similar a una crema y de color de un café con leche en la toma de aceite. Consulté rápidamente a la enciclopedia automotriz (mi hermano menor), y sentenció gravemente: "has soplado el empaque de la culata, y ni se te ocurra volver a casa con el motor en ese estado, sino eso te costará 'several bucks'" (¡¡¡¡un montón de dinero!!!!).
Ante esto me ví obligado a quedarme en la casa de un familiar y al día siguiente, junto con mi hermano, llevamos el auto a un taller.

En el taller me dijeron: "definitivamente ha soplado el empaque, vamos a sacar la culata y llevarla al rectificador para que la evalúe". Temeroso, pregunté "¿hay alguna probabilidad de que se haya rajado?" y me respondieron "no creo, pero depende del rectificador".

Al día siguiente recibí el peor diagnóstico, la culata se había rajado y NO tenía reparación y por ende tenía de comprar una nueva (o al menos una de segunda algo decente) y asi tuve que iniciar la cruzada de la búsqueda de la culata de reemplazo.

Tomé un taxi para ir a un importador de autopartes y en el trayecto entablé amistad con el taxista, quien muy amablemente (por algunos billetes) se ofreció de servirme de transporte en la búsqueda. Con él (y gracias a él) recorrí los rincones más insospechados de la ciudad, recovecos inimaginables e innombrables, sin éxito en un primer momento. Al día siguiente, llamé a Fernando a su celular (así se llama el taxista) para coordinar encontrarnos y así pueda acompañarme nuevamente. Luego de salir bien librados de un intento de estafa de un ladrón que me vió la cara de preocupación, llegamos a otro sitio innombrable, Fernando me confesó "no me gusta venir a este sitio, pero si no encuentras aquí la culata, anda pensando en vender tu auto".

Recorrimos las calles llenas de pedazos de motores, puertas, parachoques y todo aquello que se pueda imaginar como autoparte hasta que encontramos a un morenito quimboso que nos contactó con un tipo cuya hermana vendía una culata con las especificaciones que necesitábamos. Luego de negociar el precio, llevamos a probar la culata a la rectificadora donde dieron su conformidad.

Finalmente, junto con Fernando llevamos la pieza al taller, donde la instalaron luego de un par de días más, y el auto salió nuevamente a la calle sin problemas hasta el momento... eso espero.

lunes, julio 07, 2008

El sueño

Hace muchísimo tiempo escribí este poema, y hoy, después de casi 10 años, lo encontré mientras arreglaba un cuarto que utilizo de desván.

El sueño.

Ayer tuve un bello sueño
del cual no quería despertar
de la felicidad eterna era dueño
pero el deseo que se concrete me hizo despertar.

Me concontraba en un paraje
lleno de bosques y aire de mar
colmado de aves de bello plumaje
y el aroma de flores de azahar.

Y estabas allí parada
en medio de aquel edén
contemplando la luna perlada
y las estrellas en continuo vaivén.

Y me acerqué a tí con toda prisa
mientras miraba tus ojos extasiado
con el mar a mi espalda y su brisa
me sentía de ti enamorado.

Te quiero, te dije entrecortado
no porque no estaba seguro
sino porque estaba aterrado
de recibir un no con apuro.

¿Me quieres? ¿estás seguro?
y asentí con el alma en la boca
Te quiero y se que hay futuro
en un amor que a nuestros corazones toca.

¡No respondes! por favor dime
Y sentí que me caía un gran peso
Y me respondiste de forma sublime
Me respondiste con un beso.

sábado, junio 21, 2008

La cachetada en el microbús

Mario, como todos los días y ni bien salía de su oficina, iba a buscar a Ana a su trabajo a fin de llevarla temprano a su casa, ya que el padre de Ana, le había puesto como condición que a más tardar debía llegar a las 5pm.
Así pues, Mario y Ana tomaron un microbús en una plaza cercana y se sentaron juntos en la segunda fila cerca a la puerta. Mario y Ana eran enamorados, y como tales, se prodigaban besos como una muestra del cariño que sentían uno por el otro.
Más adelante, subió al microbús una señora, de unos 45 años, la cual empezó a ver con malos ojos las muestras de cariño, y exclamó en voz alta:
- Que tal educación!, estos muchachos besuquándose en el microbús!
- Si van a seguir así, bájense!
- y blah, blah, blah!

Mario, que en un primer momento no había prestado atención a los reclamos de la señora, se dirigió a ella con voz firme y serena:
- Señora, con todo respeto, si se siente tan mortificada, porqué no se baja Usted?

De pronto, como en cámara lenta, Mario vió que la mano de la señora se dirigía a su cara.... smack!!, se escuchó en el microbús.

- Muchacho mal educado!, dijo exaltada la señora.
- Señora, porqué me agrede?, acaso no puede hablar y tiene que reaccionar de esa forma?, replicó Mario.
- Chofer!, pare en la delegación policial de la siguiente cuadra... esto no va a quedar así, te voy a denunciar por faltarme el respeto!, dijo furiosa la señora.

El chofer, a fin de evitarse problemas, paró en el paradero cercano a la delegación policial y la señora raudamente buscó a un policía; Mario bajó tras de ella y aprovechando su juventud, pudo alcanzar al policía antes que la señora.

- Oficial, quiero denunciar a esta señora por agredirme físicamente.
La señora, jadeante, sólo alcanzó a decir:
- El joven me ha faltado el respeto.

El policía, se acercó al microbús que aún estaba parado en el paradero y Mario volvió a decir:
- La señora me agredió, pregúntele a cualquiera y le dirá que fue así.
El público empezó a decir:
- Llévese a la vieja loca!!
- Acaso le he faltado el respeto a la señora?, dijo Mario dirigiéndose a las personas del microbús.
- No!, respondieron a coro.
Al oir esto, la señora se dió cuenta de su desventaja y sólo atinó a subirse a otro microbús.
El policía se sonrió y le dijo a Mario:
- Vete ya muchacho...
Mario subió al microbús nuevamente...
- Estás bien mi amor?, preguntó dulcemente Ana.
- Me duele un poco, pero ya pasará, dijo Mario, mirándole a sus bellos ojos verdes.

jueves, mayo 01, 2008

Cumpleaños

Bueno, hoy es el día de mi cumpleaños
Y no sé por qué me he sentido cansado
Y pese a no haberme enfermado
Como aconteció en otros años

Sólo he querido dormir
y dos siestas he tenido hoy
y sin quere me he puesto a sufrir
por lo muy cansado que estoy

Mañana a tendré que levantarme temprano
pues es 2 y hay que ir a trabajar
Sé que me levantaré con desgano
pero es viernes y hay que ir a laborar.

lunes, abril 28, 2008

Con respecto a la certificación de autos a gas

El día de hoy, me propuse (al menos hice el intento) de llevar mi auto a pasar la certificación del sistema a gas, sistema que me resulta rentable, dado que venir de Madagascar a la ciudad resulta un viaje largo y si fuera con gasolina sería un tanto oneroso.
Así pues me levanté temprano por la mañana y enrumbé hacia el taller, donde alguna lejana primavera del 2005, instalé el sistema a gas. Grande fue mi sorpresa que era necesario realizar "n" adecuaciones a fin de cumplir las "nuevas" disposiciones (las cuales a mi parecer fueron creadas para dar de comer a alguien) con el respectivo coste (nada barato por cierto) y todo esto sin considerar el coste de la certificación realizado por una prestigiosa entidad foránea.
Decepcionado, cabizbajo y meditabundo por el shock económico que esto representaba, busqué una alternativa en un taller conocido, al que voy de vez en cuando, el cual tampoco me dio una solución puesto que requieren que yo cuente con ciertos documentos (que no cuento) ya que en esas épocas, cuando instalé el susodicho equipo, a nadie se le ocurría entregar ni a nadie pedir; sin embargo, quizás en un arranque de compasión, uno de los dependientes del taller me indicó que cierto club cuenta con talleres asociados que son menos estrictos en la papelería.
Con este dato contacté a uno de estos talleres y quedé en ir por la mañana siguiente a efectuar las gestiones del caso. El único problema es que hoy, tarde por la tarde, me enteré que mañana muy temprano tengo una reunión, una de esas que no puedes faltar caso contrario te verás comprando tu periódico el domingo, con lo cual mis planes se fueron (por el momento) al tacho.

Bien reza el dicho:
El hombre propone, Dios dispone y viene el diablo y lo descompone...

jueves, abril 24, 2008

En la escalera.

Erase de noche, una de esas noches estrelladas, lindas, sin nubes que mancillen el cielo e impidan ver a las estrellas en su esplendor. Esa noche, ya cansados luego de haber bailado largo rato en una de las tantas discotecas de la ciudad, Fernando llevó a Ana a su casa.

Ana era, en ese tiempo, una chica linda, no era alta, era de tamaño, normal, estándar, con unos ojos pardos grandes y bellos; de cabellos negros, largos, medianamente ensortijados, que le daban un marco muy dulce a ese rostro bruñido por el sol de la zona; su boca era pequeña, pero con unos labios, ni delgados ni gruesos, que provocaban besar apasionadamente.

Esa noche ella usaba un vestido amarillo pálido, con un bonito escote que resaltaban sus atributos femeninos, esos de los cuales ella se sentía tan orgullosa, y por los cuales más de un mortal quedó embobado al verlos. Definitivamente eran grandes y hermosos.

Ana vivía en una quinta de dos pisos con azotea, una de esas construida en la década de los 70, con un jardín que abarcaba todo el largo de la construcción, una pared al fondo, que daba a una calle; de muros anchos pintados de verde agua y puertas y ventanas de hierro pintadas de blanco con cristales catedral que servían para ocultar de las miradas indiscretas el interior de las casas.

Llegados a la puerta de la casa, Ana notó con preocupación que había dejado olvidada la llave de en su habitación, tocó el timbre y el cristal de la puerta de hierro varias veces sin éxito. Todos, sus padres y hermanos, habían salido con rumbo desconocido.

Dado que Ana no podía quedarse sola, Fernando consideró pertinente quedarse a acompañarla, con la esperanza que en un par de horas como mucho, alguien llegase y abriese la puerta.

Y como no había bancas en la quinta donde vivía Ana, decidieron pues sentarse en la escalera que conducía del segundo piso a la azotea.

Y conversaron de todo, empezando de los más básico, como gustos musicales, de películas, pasando por los apodos que cada uno tenía en casa y sus sueños y expectativas.

Fernando, que venía saliendo con Ana al menos un par de veces, era un chico criado a la antigua, y por tanto respetuoso de los cánones que dicha formación implicaba, y escuchaba con atención a Ana, sin poder dejar de mirar esos ojos que lo tenían hipnotizado. Ana pensaba para sí, "y éste que está esperando que no me besa", mientras Fernando no podía pensar en otra cosa que en la voz de Ana, en cada inflexión que le daba a las palabras, y por él se quedaba horas escuchándola sin chistar.

Las horas pasaron y las estrellas fueron dejando su lugar a los primeros albores de la mañana. Fernando abrazó tiernamente a Ana con la menuda esperanza de abrigarla del frío que arreciaba.

Ana, quizás aburrida por la inacción de Fernando, le sugirió tiernamente que era mejor que él se marchase a su casa, dado que ya había amanecido y era muy probable en que breve llegaran sus hermanos y le abriesen la puerta. Él asintió con la cabeza e intentó salir por la puerta principal, donde se dio con la sorpresa que el guardián de la quinta la había cerrado con llave y no había señales de él por ningún lado, así que, obedeciendo a Ana optó por trepar el muro la final de la quinta y ganar la calle.

Esa fue la última vez que Fernando vio a Ana, puesto que ella ya no quiso volver a salir con él.

Infidelidad en la Oficina.

Elena es amiga de Roberto. Ambos trabajan juntos en uno de los locales de una gran empresa. Elena, no es una chica bonita, una de esas que uno se queda mirando en la calle, embobado, siguiendo con la mirada, recorriéndola desde la punta de los pies hasta el último cabello que juega con el viento, no, ella es una chica como cualquiera que te puedes cruzar en la calle y uno ni caso, pero una vez que la tratas tiene eso que los hombres llaman "el algo que atrae".

Elena sabe que tiene ese algo que atrae a los hombres, piensa que es atractiva y le gusta vestirse con buena ropa (y amplios escotes).

Roberto, que conoce hace varios años a Elena, ha notado que de vez en cuando ella viene arreglada más que otros días. Y esos días o bien llega tarde a la oficina o bien sale a almorzar fuera o sale presurosa a una reunión urgente.

Roberto, que no es el marido ni tiene vela en el entierro, empieza a elaborar las más intrincadas teorías de conspiración con respecto a su amiga. Él trabaja en atención al cliente y sabe (o al menos piensa) que puede lograr que las personas le tengan confianza rápidamente y sin querer le empiecen a contar cosas de ellos, propias, íntimas. Es así que en una de las tantas conversaciones con Elena, ella le comenta que tiene un amigo que es muy amable con ella. Y nada más...

Suficiente, dice Roberto, y siente cómo despierta en él ese sentido de la curiosidad (él es muy curioso desde pequeño) que ha estado dormido, aletargado por las tediosas jornadas laborales, llenas de informes, presentaciones y reuniones interminables.

Roberto nota que su amiga utiliza frecuentemente el servicio de envió de mensajes de su computador y una vez, en un momento de descuido de Elena, se acerca al computador de su amiga, y mientras se aproxima siente sus manos frías y un sudor igual de frío que le recorre la espalda; sin pensarlo mucho efectúa una búsqueda rápida, certera y finalmente afortunada. Eureka, exclama, pues encontró un archivo en el que Elena almacenaba sus conversaciones, tan íntimas, tan de ella, con este "amigo" que ella le comentó alguna vez. Ellos son más que amigos, pensó, y copió tan rápido como pudo el archivo comprometedor y se lo llevó a su computador para analizarlo, para leerlo detenidamente.
Mensaje a mensaje va descubriendo y confirmando sus sospechas, y sin pensarlo mucho salta a su mente el nombre del "amigo" tan apreciado por Elena. Tiene que ser él, no hay otro y no hay duda. Su amiga es infiel a su esposo, a quien ella dice amar, al igual que su amigo, quien Roberto sabe que también es casado.
Este descubrimiento supera sus expectativas... No , esto no se lo puedo comentar a nadie, y se arrepiente de que su curiosidad le haya llevado tan lejos para que finalmente su conciencia le ponga un freno. Finalmente borra el archivo.
Roberto trata de ignorar lo que ahora ya sabe, y se siente triste por el esposo de su amiga, un muchacho de buen corazón y que adora a Elena.
El tiempo pasa, y un día la curiosidad vuelve a asaltar a Roberto quien efectúa una nueva incursión clandestina en el computador de Elena, y trata de ubicar sin éxito aquel archivo comprometedor, al no encontrarlo piensa, Elena no es niguna boba, sabe que no debe dejar huellas, y ha decidido borrar también ese archivo tan comprometedor, pero Roberto no se conforma con no encontrar el archivo y busca en las bitácoras del computador. Encuentra una serie de mensajes de reproche, de lamento, de despedida. Finalmente Elena, quizás movida por su conciencia, ha decidido terminar con su amigo.

Al día siguiente Roberto ve llorar a Elena inconsolablemente.