sábado, febrero 21, 2009

Ya no pasa nada...


Hace poco la ví.
Sí, a la misma que muchas veces me regresaba al pasado.
La que cuando la veía pasar, me cortaba el habla y el aliento.
La que alguna vez pensé sería con quien compartiría mi vida.
La cual me llevó a pensar dejar todo e ir tras ella.

Esa misma con la cual tengo un lazo indisoluble (y que a pesar de no ser mío lo quiero como tal)

Pero ya no pasa nada.
Ya no me corta la respiración ni el aliento.
Ya no la tengo en la mente.
Soy libre de ella en mi corazón y soy feliz pues encontré la paz.

Sólo espero que alguna vez recapacite y vea lo que ha perdido y se esfuerce por salir adelante porque tiene un motivo por el cual vivir.

Sólo espero que algún día sea feliz.

viernes, febrero 20, 2009

Antes de cerrar al alguien...


Y siguiendo con las historias de las pistas...
Tengo una amiga que me contaba que una vez, saliendo de la oficina, manejaba tranquilamente su carro por la Vía Expresa (me imagino que no tan tranquila puesto que mi amiga en cuestión es la esposa de Meteoro).

La cosa es que en una de esas un carro medio destartalado le mete una cerrada que la obliga a frenar de forma intempestiva. Producto de esa maniobra un Mercedes le chocó levemente su carro, y como es costumbre, ambos bajaron de sus autos para ver el daño. Luego de la mirada de rigor concluyeron que no había pasado de un "besito" (argot utilizado para denominar a un choque muuuuy leve entre dos autos) y siguieron su camino.

Recuperada del susto, mi amiga aceleró como poseída y alcanzó al culpable del incidente, el carro detartalado, en el cual viajaban dos personas. Dicen que la venganza es un plato que se come frío, y quienes manejan por nuestra ciudad saben bien que una ofensa como esa no queda así. Mi amiga cierra al carro en cuestión un par de veces (de las cuales el otro sale bien librado) y en una de las rampas de salida ella atraviesa el carro bloqueando ambos carriles, se baja del carro y le dice su vida a Technicolor al chofer... en eso, con espanto, se da cuenta que el que manejaba era un policía, y tomando aplomo de donde no tenía, decidió seguir con su rollo "eres un tal por cual, que te han regalado el brevete etc., etc."

El policía, sorprendido, no atinó a nada más que a disculparse, luego de lo cual mi amiga, asustada, subió a su carro y huyó como alma que lleva el diablo.

Así que antes de vengarse, fíjate que no tengas nada que perder...

jueves, febrero 12, 2009

El taxista bigamo


Esta historia la tenía en el tintero (ups!, el teclado) y ahora que estoy con un poco de vino en la cabeza como que me ha vuelto la memoria. Ahí va:

Hace varios años, como estaba urgido por llegar a un destino "X" que a decir verdad a estas alturas de la vida no me acuerdo, tomé un taxi que a primera impresión me resultó curioso. Para empezar era un Citroen (cosa rara para un taxi, al menos en Lima), segundo era que el interior del mismo era de color celeste eléctrico, y al menos no parecía que el color se debía a una loca ocurrencia del dueño, sino del fabricante del auto.
- Hey!, exclamé, es un Citroen
- Sí, respondió el taxista, lo traje de Argentina, donde víví hasta hace un tiempo, es muy económico.
- ¿Ah si?, ¿y cómo es eso? pregunté maravillado
- Sí, sólo tiene 3 cilindros (?) y con un tanque me recorro todo Lima sin problemas.
- Y cómo así estuvo por Argentina, pregunté nuevamente.
- Bueno, salí del Perú por la crisis económica en el gobierno de Alan, y me puse a trabajar en una que otra cosa, fue en esas que conocí a una chica muy linda y después de no mucho tiempo me casé con ella, y sabes, me dijo, ella tiene una hermana que estaba casada con otro pibe, tuvo un hijo y al poco tiempo se muere el tipo.
- Interesante, me dije.
- Así que como la hermana no tenía como mantener a su hijo se fue a vivir con nosotros, ahí mi esposa y yo la apoyamos, y finalmente me decidí volver al Perú con lo que ahorré pero antes me compré unos carros y los traje para taxearlos.
Como comprenderás la hermana también se vino con nosotros. Su viejo me decía: Peruano, viniste por una y te llevaste a las dos, así que me las cuidas.
- ¿Y? dije intrigado.
- Pues que me las traje, su hijo me llama papá y ambas andan conmigo
- ¿Cómo es eso? pregunté.
- Paro con las dos. Mejor cuidado no puedo estar y como comprenderás ninguna está celosa de la otra. Pero en el colegio de mi hijo y mi sobrino como ya que me miran medio raro.
- Provecho!, exclamé... oh!, ya estamos llegando, por favor me deja en la esquina.

Y me bajé del curioso Citroen del taxista bígamo (o lechero como quiera verse).

Lamentablemente nunca más lo he visto, para saber como le va.