Mario, como todos los días y ni bien salía de su oficina, iba a buscar a Ana a su trabajo a fin de llevarla temprano a su casa, ya que el padre de Ana, le había puesto como condición que a más tardar debía llegar a las 5pm.
Así pues, Mario y Ana tomaron un microbús en una plaza cercana y se sentaron juntos en la segunda fila cerca a la puerta. Mario y Ana eran enamorados, y como tales, se prodigaban besos como una muestra del cariño que sentían uno por el otro.
Más adelante, subió al microbús una señora, de unos 45 años, la cual empezó a ver con malos ojos las muestras de cariño, y exclamó en voz alta:
- Que tal educación!, estos muchachos besuquándose en el microbús!
- Si van a seguir así, bájense!
- y blah, blah, blah!
Mario, que en un primer momento no había prestado atención a los reclamos de la señora, se dirigió a ella con voz firme y serena:
- Señora, con todo respeto, si se siente tan mortificada, porqué no se baja Usted?
De pronto, como en cámara lenta, Mario vió que la mano de la señora se dirigía a su cara.... smack!!, se escuchó en el microbús.
- Muchacho mal educado!, dijo exaltada la señora.
- Señora, porqué me agrede?, acaso no puede hablar y tiene que reaccionar de esa forma?, replicó Mario.
- Chofer!, pare en la delegación policial de la siguiente cuadra... esto no va a quedar así, te voy a denunciar por faltarme el respeto!, dijo furiosa la señora.
El chofer, a fin de evitarse problemas, paró en el paradero cercano a la delegación policial y la señora raudamente buscó a un policía; Mario bajó tras de ella y aprovechando su juventud, pudo alcanzar al policía antes que la señora.
- Oficial, quiero denunciar a esta señora por agredirme físicamente.
La señora, jadeante, sólo alcanzó a decir:
- El joven me ha faltado el respeto.
El policía, se acercó al microbús que aún estaba parado en el paradero y Mario volvió a decir:
- La señora me agredió, pregúntele a cualquiera y le dirá que fue así.
El público empezó a decir:
- Llévese a la vieja loca!!
- Acaso le he faltado el respeto a la señora?, dijo Mario dirigiéndose a las personas del microbús.
- No!, respondieron a coro.
Al oir esto, la señora se dió cuenta de su desventaja y sólo atinó a subirse a otro microbús.
El policía se sonrió y le dijo a Mario:
- Vete ya muchacho...
Mario subió al microbús nuevamente...
- Estás bien mi amor?, preguntó dulcemente Ana.
- Me duele un poco, pero ya pasará, dijo Mario, mirándole a sus bellos ojos verdes.
2 comentarios:
auhggg¡ eso si que es envidia pura. De seguro que la tía quería que le metas la lengua.
jajajaja¡
lo peor de todo es que la señora esa se fue pensando que habían cometido una injusticia con ella
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