Elena es amiga de Roberto. Ambos trabajan juntos en uno de los locales de una gran empresa. Elena, no es una chica bonita, una de esas que uno se queda mirando en la calle, embobado, siguiendo con la mirada, recorriéndola desde la punta de los pies hasta el último cabello que juega con el viento, no, ella es una chica como cualquiera que te puedes cruzar en la calle y uno ni caso, pero una vez que la tratas tiene eso que los hombres llaman "el algo que atrae".
Elena sabe que tiene ese algo que atrae a los hombres, piensa que es atractiva y le gusta vestirse con buena ropa (y amplios escotes).
Roberto, que conoce hace varios años a Elena, ha notado que de vez en cuando ella viene arreglada más que otros días. Y esos días o bien llega tarde a la oficina o bien sale a almorzar fuera o sale presurosa a una reunión urgente.
Roberto, que no es el marido ni tiene vela en el entierro, empieza a elaborar las más intrincadas teorías de conspiración con respecto a su amiga. Él trabaja en atención al cliente y sabe (o al menos piensa) que puede lograr que las personas le tengan confianza rápidamente y sin querer le empiecen a contar cosas de ellos, propias, íntimas. Es así que en una de las tantas conversaciones con Elena, ella le comenta que tiene un amigo que es muy amable con ella. Y nada más...
Suficiente, dice Roberto, y siente cómo despierta en él ese sentido de la curiosidad (él es muy curioso desde pequeño) que ha estado dormido, aletargado por las tediosas jornadas laborales, llenas de informes, presentaciones y reuniones interminables.
Roberto nota que su amiga utiliza frecuentemente el servicio de envió de mensajes de su computador y una vez, en un momento de descuido de Elena, se acerca al computador de su amiga, y mientras se aproxima siente sus manos frías y un sudor igual de frío que le recorre la espalda; sin pensarlo mucho efectúa una búsqueda rápida, certera y finalmente afortunada. Eureka, exclama, pues encontró un archivo en el que Elena almacenaba sus conversaciones, tan íntimas, tan de ella, con este "amigo" que ella le comentó alguna vez. Ellos son más que amigos, pensó, y copió tan rápido como pudo el archivo comprometedor y se lo llevó a su computador para analizarlo, para leerlo detenidamente.
Mensaje a mensaje va descubriendo y confirmando sus sospechas, y sin pensarlo mucho salta a su mente el nombre del "amigo" tan apreciado por Elena. Tiene que ser él, no hay otro y no hay duda. Su amiga es infiel a su esposo, a quien ella dice amar, al igual que su amigo, quien Roberto sabe que también es casado.
Este descubrimiento supera sus expectativas... No , esto no se lo puedo comentar a nadie, y se arrepiente de que su curiosidad le haya llevado tan lejos para que finalmente su conciencia le ponga un freno. Finalmente borra el archivo.
Roberto trata de ignorar lo que ahora ya sabe, y se siente triste por el esposo de su amiga, un muchacho de buen corazón y que adora a Elena.
El tiempo pasa, y un día la curiosidad vuelve a asaltar a Roberto quien efectúa una nueva incursión clandestina en el computador de Elena, y trata de ubicar sin éxito aquel archivo comprometedor, al no encontrarlo piensa, Elena no es niguna boba, sabe que no debe dejar huellas, y ha decidido borrar también ese archivo tan comprometedor, pero Roberto no se conforma con no encontrar el archivo y busca en las bitácoras del computador. Encuentra una serie de mensajes de reproche, de lamento, de despedida. Finalmente Elena, quizás movida por su conciencia, ha decidido terminar con su amigo.
Al día siguiente Roberto ve llorar a Elena inconsolablemente.
2 comentarios:
Sería interesante conocer de que secretos se enteró nuestro protagonista. Al parecer estos fueron de grueso calibre.
Ya ya... no seas morboso!!! ;)
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